
El cuerpo no entiende de kilómetros vacíos, sino de estímulos fisiológicos reales
Hace apenas unos días, el reloj en la Media Maratón de Barcelona se detuvo en 1:23:23. Un objetivo cumplido que certifica el trabajo de los meses de invierno. Ahora, la mirada y la planificación ya están puestas en el 10k de Camargo del próximo 15 de marzo. En estas semanas de transición, observo habitualmente una trampa en la que caen miles de corredores populares: la ansiedad por el kilometraje. Creemos erróneamente que para rendir mejor debemos devorar asfalto de forma indiscriminada, olvidando una máxima fundamental respaldada por la evidencia científica: el cuerpo no entiende de kilómetros vacíos, sino de estímulos fisiológicos reales.
Como analizamos en el episodio 395 de nuestro podcast Correr con Propósito, hoy la ciencia del deporte se impone al miedo. Vamos a desgranar por qué la acumulación sin sentido destruye tu rendimiento y cómo puedes optimizar tu entrenamiento basándote en datos objetivos.
El mito de la acumulación pre-competición
El error fisiológico más documentado en el atletismo popular es intentar compensar la falta de confianza con atracones de kilómetros en las semanas previas a una competición. Las adaptaciones estructurales en el cuerpo humano tardan meses en consolidarse. Un aumento brusco del volumen en los últimos 60 días no genera beneficios cardiovasculares adicionales; únicamente dispara el riesgo de lesión por sobreuso.
Nuestro organismo trabaja bajo el principio de adaptación. Si eres constante con tu plan de entrenamiento durante todo el año, tu base aeróbica es tu seguro de vida. Tu cuerpo ya sabe cómo enfrentarse a un esfuerzo prolongado. Sumar kilómetros a ritmos monótonos solo genera una fatiga residual que te impedirá rendir en los días donde realmente debes exigirle a tu motor. No necesitas 80 kilómetros semanales para terminar una media maratón o volar en un 10k; necesitas la cantidad justa de kilómetros bien direccionados.
Optimización del VO2 Máx y la tolerancia a la fatiga
La velocidad que puedes sostener en una carrera depende de tu capacidad para transportar oxígeno (VO2 Máx) y de tu eficiencia para reciclar el ácido láctico (ese punto exacto donde las piernas empiezan a arder y la fatiga se dispara, conocido como umbral de lactato).
Si has pasado los últimos meses preparando distancias cortas o medias, tu tolerancia al esfuerzo sostenido es alta. El problema surge cuando, al acercarse la competición, el miedo te hace sustituir las series de calidad por rodajes largos y lentos. Esta decisión desentrena tus capacidades anaeróbicas. Acostumbras al corazón a trabajar a bajas revoluciones y le restas la capacidad de limpiar el lactato cuando el ritmo de competición te exija ir al límite. La intensidad bien pautada es innegociable.
Economía de carrera y la importancia de la armadura
Hablemos de un concepto que marca la diferencia entre cruzar la meta con fuerza o llegar arrastrándose: la economía de carrera. Esto se define como el coste de oxígeno necesario para mantener una velocidad determinada. Correr de forma eficiente significa gastar la menor energía posible en cada zancada.
Si descuidas tus sesiones de fuerza por la obsesión de sumar más carrera continua, tu musculatura pierde capacidad elástica y te vuelves un corredor pesado. La evidencia científica demuestra que el entrenamiento de fuerza mejora la rigidez tendinosa. Cuando tus tendones están fuertes, actúan como muelles: absorben el impacto contra el asfalto y devuelven energía elástica en la fase de despegue. Este mecanismo ahorra un glucógeno muscular precioso que necesitarás en los últimos kilómetros de la prueba. Por eso siempre insisto: si no proteges tu armadura en el gimnasio, el asfalto te pasará factura.
Economía de carrera y la importancia de la armadura
Hablemos de un concepto que marca la diferencia entre cruzar la meta con fuerza o llegar arrastrándose: la economía de carrera. Esto se define como el coste de oxígeno necesario para mantener una velocidad determinada. Correr de forma eficiente significa gastar la menor energía posible en cada zancada.
Si descuidas tus sesiones de fuerza por la obsesión de sumar más carrera continua, tu musculatura pierde capacidad elástica y te vuelves un corredor pesado. La evidencia científica demuestra que el entrenamiento de fuerza mejora la rigidez tendinosa. Cuando tus tendones están fuertes, actúan como muelles: absorben el impacto contra el asfalto y devuelven energía elástica en la fase de despegue. Este mecanismo ahorra un glucógeno muscular precioso que necesitarás en los últimos kilómetros de la prueba. Por eso siempre insisto: si no proteges tu armadura en el gimnasio, el asfalto te pasará factura.
Reclutamiento de fibras y la fatiga periférica
Para entender el agotamiento muscular, debemos mirar al interior de nuestras fibras. Durante una carrera de fondo, las fibras musculares de contracción lenta (Tipo I) son las primeras en hacer el trabajo. Sin embargo, conforme avanzan los kilómetros, estas fibras se agotan irremediablemente.
Si en tu planificación no has incluido trabajo de series, intervalos o cuestas, no habrás estimulado tus fibras de contracción rápida (Tipo II). ¿El resultado? Cuando las fibras lentas pidan auxilio, no tendrás un relevo muscular eficiente. Entrenar la calidad enseña al sistema nervioso central a reclutar unidades motoras de reserva cuando la fatiga periférica hace su aparición. Sin este trabajo específico, el colapso muscular es inevitable.
Flexibilidad metabólica y biogénesis mitocondrial
Existe otro mito extendido: la creencia de que solo las tiradas larguísimas y lentas enseñan al cuerpo a quemar grasas. La fisiología moderna ha demostrado que esto es inexacto. La flexibilidad metabólica —la capacidad del cuerpo para alternar eficientemente entre el uso de carbohidratos y grasas— también se mejora drásticamente con sesiones de alta intensidad.
Al elevar tu umbral mediante el entrenamiento interválico, permites que tu cuerpo consuma un mayor porcentaje de lípidos a velocidades más altas, ahorrando las reservas limitadas de glucógeno. Además, la biogénesis mitocondrial (la creación de nuevas “centrales energéticas” en las células) se estimula de forma muy eficiente con la intensidad. Es fisiológicamente más rentable realizar una sesión de una hora con cambios de ritmo específicos que arrastrarse durante dos horas en un rodaje monótono que solo elevará tus niveles de cortisol y generará inflamación sistémica.
El arte de asimilar el trabajo, tapering y monitorización
La ansiedad nos pide correr más cuando se acerca la fecha marcada en rojo en el calendario. Sin embargo, la ciencia nos ordena exactamente lo contrario. Reducir el volumen (entre un 15% y un 25%) manteniendo la intensidad en las semanas previas es lo que permite que el cuerpo sobrecompense.
El descanso no es una pérdida de tiempo; es el momento exacto en el que el cuerpo asimila el estímulo que le hemos dado. Para medir esta asimilación, los datos objetivos son clave. Personalmente, confío la monitorización de mis cargas a la tecnología de Polar, analizando a diario mi frecuencia cardíaca en reposo y la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV). Si los datos indican que el sistema nervioso está estresado, se levanta el pie del acelerador.

Conclusión. Corre con sentido común
Olvidemos los rodajes infinitos a ritmo de paseo. Es infinitamente más útil realizar 16 kilómetros intercalando bloques de 4 kilómetros a tu ritmo objetivo de competición, que acumular 22 kilómetros sin ningún propósito fisiológico.
A mis atletas de los grupos de adultos en Rincón de Soto (lunes y miércoles a las 20:00h) y Calahorra (martes y jueves a las 20:00h), así como a los chavales de las pistas y del colegio Aurelio Prudencio: confiad en la base que estamos construyendo. La media maratón o el 10k no se improvisan en el último minuto; se construyen con la constancia de cada entrenamiento bien estructurado.Recuerda siempre mi máxima: “Si no te cuidas tú, no te va a cuidar nadie”. Entrena con cabeza, basa tus decisiones en la evidencia científica y protege tu armadura. Nos vemos en el asfalto.

El párrafo de la economía de carrera está repetido…por lo demás perfecto!!!
🥰🥰
¡Gracias Marisa por estar pendiente de todo lo que escribo!